Week of October 16, 2022

A Note From Fr. Oswaldo

The lives of the saints, in the month of the missions.


Many times, we think that the saints are beings from another planet, that they are not human, and that they have always been canonized. This is the furthest thing from reality. To be a saint, the first condition is to be human. The second, to believe in God One and Triune, confess faith in Christ Jesus and announce the joy of the Gospel above all with life. Every baptized person is called to announce the Gospel, to be a witness where he lives and beyond its borders. “At that time, Jesus appointed seventy-two other disciples and sent them ahead, two by two, to all the towns and places where he intended to go, and said to them: “The harvest is great and the workers are few. Pray, therefore, to the owner of the harvest to send laborers to his fields. Get on your way; I send them out like lambs in the midst of wolves” (Lk 10, 1-9).


Holiness is the result of life in prayer, in this case, the Rosary is one of the most popular devotions, as official prayer is the Holy Eucharist and the liturgy of the hours. We are all called to be saints, that is the goal and we do not need to be so special, much less have superpowers. The mission begins at baptism and ends in the kingdom of heaven.


La vida de los santos, en el mes de las misiones.


Muchas veces pensamos, que los santos, son seres de otro planeta, que no son humanos, y que siempre han sido canonizados. Esto es lo más lejos de la realidad. Para ser santo, la primera condición, es ser humano. La segunda, creer en Dios Uno y trino, confesar la fe en Cristo Jesús y anunciar la alegría del Evangelio sobre todo con la vida. Todo bautizado está llamado a anunciar el Evangelio, ser testigo donde vive y más allá de sus fronteras. “En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos” (Lc 10, 1-9).


La santidad es el resultado de la vida en oración, en este caso, el Rosario es una de las devociones más populares, como oración oficial está la sagrada eucaristía y la liturgia de las horas. Todos estamos llamados a ser santos, esa es la meta y no necesitamos ser tan especiales y mucho menos tener superpoderes. La misión comienza en el bautismo y termina en el reino de los cielos.


Fr. Oswaldo Roche

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