Week of February 27, 2022

A Note From Fr. Oswaldo


"Ash is not eaten."


The liturgy of Ordinary Time that we have lived until now has allowed us to reflect on the life of Jesus Christ in our daily lives. Jesus has taught us about faith and trust in him, the need to serve and share with those most in need, the pity and mercy that he feels, especially with the sick. The purity of the soul and heart more than external appearances.


Knowing this, we are ready to enter the strong season of Lent (40 days of preparation). Ash Wednesday: we say is the day we are ready to receive the ashes on our forehead or on our head, as a sign of penance and repentance for our sins. (Remember that the ashes used is the product of the incineration of the palm that we received on Palm Sunday of the previous year). In ancient times, ash was placed all over the body, to be purified. A child asked if the ash is for external purification, then should we eat it for internal purification? The answer is No; since it does not work as a detergent to clean clothes, nor liquid for hand sanitizer. It is only an external sign. Now, during Lent we must practice FASTING, PRAYER, and ALMSGIVING. Ways to do this is by helping our body with temperance by not eating for a short time, intensifying our communication with God in oral or written form, sharing our riches; for example, in the campaign of the Rice Bowl and teaching the little ones to get rid of some item or items they like and donate it or sending clothes to the seminarians. These are essential elements as preparation to celebrate the Passion, Death and Resurrection of the Lord. Finally, although acts of charity are very good, they do not replace the sacrament of Reconciliation, we must cleanse our sins, not with ashes, but with a good confession and receiving absolution of our sins.


“La ceniza no se come.”


La liturgia del Tiempo Ordinario que hasta ahora hemos vivido, nos ha permitido reflexionar sobre la vida de Jesucristo en nuestra cotidianidad. Jesús nos ha enseñado sobre la fe, y la confianza en él, la necesidad de servir y de compartir con los más necesitados, la piedad y la misericordia que Él siente, sobre todo con los enfermos. La pureza del alma y del corazón más que de las apariencias externas.


Sabiendo esto, estamos listos, para entrar en el tiempo fuerte de la Cuaresma (40 días de preparación). El Miércoles de Ceniza; le decimos así, porque ese día nos disponemos a recibir la ceniza en nuestra frente o en nuestra cabeza, como signo de penitencia y arrepentimiento de nuestros pecados. (recordemos, que la ceniza que se usa es producto de la incineración de la palma que recibimos el domingo de Ramos del año anterior). En la antigüedad, la ceniza se colocaba en todo el cuerpo, para ser purificado. Un niño pregunto, que si la ceniza es para la purificación externa, entonces, ¿tendríamos que comerla para la purificación interna?. La respuesta es No; ya que no funciona como un detergente para limpiar la ropa, ni líquido para la higiene de las manos. Es sólo un singo externo; ahora bien, durante la Cuaresma debemos practicar el Ayuno, la Oración, y La Limosna. Ayudar a nuestro cuerpo con la templanza dejando de comer por un tiempo corto. Intensificando nuestra comunicación con Dios en forma oral o escrita, compartiendo nuestras riquezas por ejemplo en la campaña un plato de arroz, enseñando a los más pequeño a desprenderse de algún elemento que les guste y donarlo, o enviando ropa a los seminaristas. Elementos esenciales como preparación para celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Finalmente, aunque los actos de caridad son muy buenos, no sustituyen al sacramento de la Reconciliación, debemos limpiar nuestros pecados, no con ceniza, sino con una buena confesión y recibiendo la absolución de nuestros pecados.


Fr. Oswaldo Roche

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